Tranquilo estaba durmiendo Eduardo, mas no mucho tiempo en la madrugada, Zeus el glorioso, padre de todos los dioses, lo envió un suspiro que lo despertó sin pensarlo. Así Eduardo saltó de su lecho y observó detenido, y unas palabras sin pena le arribaron al oído, - Te queda algo por cumplir querido - y Eduardo cejijunto y aterrorizado exclama - ¿Quién habla que mis oídos atruenan? - Eso es una incóginta, pero te diré hijo mío, que soy Zeus, padre de todos los dioses, y te juro por mi fuerza bruta que te tendrán enhiesto decenas de paraísos vírgenes con mujeres sagradas y espíritu incesante si obedeces a la siguiente orden que cumple con el destino prometido - y Eduardo, al oir tales palabras, lloró inmediatamente, y su casa se inundó de gotas reflejadas por la luna, y una barca fue enviada, al instante el espíritu de Eduardo exclamó - Oh mi rey, tan agradecido estoy yo de semejante mención. ¿Qué he de hacer? - Tuyo es el Dios Apolo y a él debes atacar. Debes hacerlo desaparecer de mi camino y ahuyentarlo con tu fealdad, para que así mi campo de gobierno se extienda por todos los rincones sin enemigos adversos. No hará mucho tiempo que salga el Sol, y quiero yo, padre de todos los dioses, que te aproximes sin más al este y te acerques al Sol. Hazlo ahora mismo hijo mío.
Y Eduardo, jubiloso de placer y éxtasis enmiendo, dirije su cuerpo hacia el este, con viento de cara a su rostro y vestido abanicando el arie milagroso. Y así se dirije y ve al Sol aparecer, y jubiloso estalla y corre as fondo como un jilguero y como una fuerza desterrada. No obstante nunca alcanza el Sol, pues el Sol está en el cielo y él solo corre en la tierra, así que la diosa Afrodita, enternicida ante el ímpetu del fragante mortal desobedece a su padre inmenso y lo convierte a Eduardo en algo que pueda volar, y sin más dilación, las manos de Eduardo se tornan multicolor, sus ojos se vuelven rojos, y antenas le salen de la cabeza. Su cuerpo va volviéndose diminuto y frágil pero sus manos se vuelven aspas mortales que hacen daño hasta llegar a abarcar todos los colores del Universo. Su cuerpo es ahora negro y la inmensidad de sus alas se desprende por el viento. Y ahora vuela, Oh, vuela querido Eduardo, mariposa esbelta que hacia al Sol al cielo encamina, mas ahora no ejerce furor a nadie por su belleza y por su ímpetu de mariposa.
Zeus, viendo semejante belleza, cae de derrotado y hasta Afrodita se siente perdida y extraña en un mundo extraño. La mariposa gigantesca y más hermosa que lo sublime destrona ahora a todos los dioses e impera sobre el Universo. Ahora surgirá una religión monoteísta -Edismo- que tienen como misión honrar a su mariposa creadora de todo.
Y esa es la hostoria de la mariposa de Eduardo, cierta, y la más grande que existe que jamás haya sido superado.
Las Metamorfosis de Ovidio II
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